Creerse superdotado

Un conocido tuiteó a propósito de su trabajo como editor: “Ser superdotado genera hiperactividad mental. Al principio es guay; luego es un coñazo. Yo pregunté: “¿Tú lo eres? Y él: “Suena pedante, pero sí. Aunque un superdotado no es necesariamente un genio”. ¡Pues menos mal!
      Hace un tiempo que vengo encontrando gente que se cree superdotada, superinteligente y, sobre todo, única. Y me he preguntado por qué. También he hecho un examen de conciencia y me he dado cuenta de que en ocasiones también yo he tenido esos aires de grandeza.
      Verse superior a los demás en inteligencia las 24 horas del día no es lo mismo que responder así en una ocasión puntual, algo que nos ocurre a todos. Cuando alguien nos ofende y sentimos nuestra autoestima atacada, tendemos a reaccionar con aires de superioridad (y ganas de aplastar al ofensor, aunque sea verbalmente).
      A quienes andan repitiendo lo inteligentes que son les diría que es arriesgado tener una idea demasiado buena de sí mismo y, sobre todo, llevarla como bandera. Aunque Occidente sea cada día más mediocre, menos culto y peor educado, el conocimiento es hoy muy especializado y uno puede ser un referente en su sector. Tal vez este “superdotado” necesite que los demás le aplaudan; ¿por soledad, porque cree que la sociedad no le valora en su justa medida, por alguna frustración?
      Howard Gardner expuso en 1983 la teoría de las inteligencias múltiples que dice que la inteligencia no es algo unitario, sino un conjunto de distintas inteligencias que tienen una parte genética (innata) y otra adquirida. Esto sugiere que, aunque uno ande sobrado de inteligencia lógica-matemática, por poner un ejemplo, puede andar flojo de inteligencia interpersonal o musical. Gardner alude también a la ineficacia del test del Coeficiente Intelectual por valorar solo dos tipos de inteligencia de las nueve que él proclama. Cierto que esta teoría tiene detractores, pero parece lógico pensar que todos tenemos los distintos tipos de inteligencia en cantidades diferentes. Por ello no destacamos por igual en las distintas esferas de la vida.
      Dicho eso, yo les pediría un poco de humildad a esos “superdotados” y, sobre todo, un mejor conocimiento de sí mismos y capacidad para relativizar.  
     





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